JUDICATURAUsuarioContraseña Links de interesMinisterio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial Ministerio de Industria, Turismo y Comercio Ministerio de Protección Social Superintendencia de Industria y Comercio Superintendencia de Economía Solidaria Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada Superintendencia de Puertos y Transportes Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico Comisión de Regulación de Energía y Gas Comisión de Regulación de Telecomunicaciones Consejo Nacional de Planeación Departamento Nacional de Planeación Superintendencia Nacional de Salud Programa Nacional de Conciliación
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Noticia de la SemanaEL ESTADO, LA JUSTICIA Y LOS CONSUMIDORES“Si en la ciudad se aplica justicia recta, la ciudad florece, el pueblo florece, no hay guerra, hay paz, no hay hambre, hay producción en los campos, hay bellotas en las encinas, miel en los panales, rebaños de ovejas de abundante lana. Al contrario, si no hay justicia sino la expresión tiránica de una voluntad corrupta, hay hambre, hay peste, se caen las casas y perecen los hombres”: Hesíodo.Quienes nutren su pensamiento en las canteras del socialismo, podrían ver menos sombras en quienes comulgan con la doctrina capitalista, siempre y cuando estos la practiquen con un sentido democrático y participativo, inspirado, de manera permanente, en los principios superiores de la justicia. Para no darle muchas vueltas al diagnóstico sobre la conducta de los hombres en todos los estadios de su humano vivir, tenemos que afirmar sin arandelas, que la justicia lo es todo. Por eso hemos querido coronar esta nota con el hermoso pensamiento que expresó el poeta griego Hesíodo en el siglo VIII A.C. Ante la fuerza de estas razones, vale la pena, por lo tanto, evocar la confesión que hizo el jurista español Luis Lègaz Lacambra, cuando en un rapto de inspiración trascendental expresó, que “el derecho sirve para la vida o no sirve para nada”. Y bien sabido tenemos que el derecho sin justicia, es como un cuerpo sin alma. En consecuencia, pues, para que la protección de los consumidores pueda ser real, es preciso que el Estado cumpla con su obligación constitucional irrenunciable de intervenir la economía, cuando esta no es justa y su balanza se incline en beneficio del poderoso y disfavor del débil. Por todo lo anterior, entonces, valga la pena recordar los principios superiores que con total pertinencia consagra la Constitución Colombiana, los cuales le dan fundamento total a estas afirmaciones:
Traemos a cuento estos comentarios, porque cada vez que se introducen reajustes legales al salario mínimo de los colombianos, simultáneamente, con el decreto que los establece, aparecen múltiples alzas exorbitantes en infinidad de bienes de consumo y en numerosas tarifas de servicios públicos. Simplemente, para mostrar un botón, recordemos que el año 2009 se inició con alzas inauditas -y hasta del 20%- en el valor del cemento y otros materiales indispensables para la construcción de vivienda y obras de infraestructura. Ante el llamado de las autoridades, los productores respectivos se comprometieron a frenar el reajuste expoliatorio. Y ¿cómo lo hicieron? Lo hicieron como en toda ocasión anterior: burlándose, descaradamente, de los consumidores, pues dejaron de subir los precios. Pero no redujeron el alza inicial exagerada. Ni desistieron de ella. Sencillamente, la dejaron intacta. Noticia de la SemanaLOS PRESIDENTES KENNEDY Y OBAMA Y SU INTERES POR LOS CONSUMIDORES“Todos los bienes del hombre consisten en la salud, en la libertad, en la paz y en lo necesario”: Benjamín Pope.Por: Ariel Armel Arenas No es mera casualidad que en países donde prevalece con mayor fuerza el poder del capitalismo, sean elegidos como presidentes, hombres con un compromiso irrevocable por la defensa de los consumidores. Y ocurre de esa manera, porque en dichas naciones saben con claridad que son sus consumidores los que mueven la economía. Y que ésta será más dinámica en la medida en que sus consumidores, también lo sean. El ex presidente Jhon F. Kennedy, por ejemplo, sentenció en 1962 –como ninguno otro lo había hecho-, que “todos somos consumidores…que constituimos el más importante grupo económico…pero, así mismo, el único grupo importante de la economía cuyas opiniones no son escuchadas”. A renglón seguido, el gran caudillo sublimó su proclama, consagrando los derechos fundamentales que asisten a los consumidores de todos los continentes y naciones, los cuales mencionamos con vehemencia a continuación, porque forman parte de los derechos humanos: la representación, la protección (aquí entran la salud y la seguridad), la educación, la información, la indemnización por daños y perjuicios, la libre elección de bienes y servicios, la participación, la consulta y el ser escuchados por los poderes públicos. De otro lado, en una nueva versión –no por eso menos trascendental- el presidente Barack Obama manifestó con acento enérgico e ilustrado que “la economía de los Estados Unidos está gravemente afectada como consecuencia de la avaricia e irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestro fracaso colectivo en tomar las decisiones difíciles…se han perdido hogares, puestos de trabajo…nuestro sistema de salud es demasiado costoso, nuestras escuelas dejan por fuera a muchos de nuestros niños… se acabaron los tiempos de proteger intereses mezquinos. Igualmente, el flamante jefe demócrata, quien inició su mandato con una formidable inspiración ecuménica, agregó: “usaremos las maravillas de la tecnología para incrementar la calidad de nuestro sistema de salud y reducir su costo…transformaremos nuestras escuelas, colegios y universidades para enfrentar los desafíos de la nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo eso lo haremos….la cuestión que ahora nos planteamos, no es si nuestro gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, es saber si funciona, si ayuda a las familias a hallar trabajo y sueldos decentes, a tener cuidados médicos asequibles. Y con una jubilación digna…” Al concluir su formidable oración, el Presidente Obama coronó la ceremonia de su posesión con estas palabras: “la crisis de ahora nos ha recordado que sin una atenta vigilancia, el mercado puede descontrolarse. Y que una nación no puede ser próspera, cuando sólo favorece a los más ricos… el éxito de nuestra economía no ha dependido únicamente de la importancia de nuestro Producto Interno Bruto, sino también de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad para ofrecer oportunidades a quienes lo desean (nótese que no dijo, a quienes cuenten con respaldo financiero y ofrezcan garantías reales), no por caridad, sino por que es el camino más seguro para alcanzar el bien común…”. Para terminar, valga la pena recordar que el Jefe del Estado, doctor Alvaro Uribe Vélez, expidió hace dos años una Directiva Presidencial para gobernadores y alcaldes, recalcándoles, en términos cordiales pero precisos, las normas constitucionales y legales que debían cumplir, para proteger a los consumidores. Y qué ocurrió?… como suele suceder…no ocurrió nada. Pareciera que en Colombia, la gran mayoría de los gobernantes locales creen, que buscar el bien común, no hace parte de sus programas de gobierno. Boletín del Consumidor
Nuestra GenteMI JUDICATURA EN LA CONFEDERACIÓN COLOMBIANA DE CONSUMIDORES
Por: Carolina Ortiz Blanco
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